Modernidad en el posneoliberalismo


El inminente resquebrajamiento de la ideología neoliberalista nos trae un dilema: ¿deberíamos renunciar a las promesas tecnológicas que nos ofrece el mundo de la alta tecnología? Es decir si abandonamos la propuesta neoliberal deberíamos decir adiós a la nueva versión de nuestro teléfono inteligente, nunca esperar un auto eléctrico con manejo autónomo o cura de enfermedades con nuevas tecnologías y demás monerías que nos prometen para el futuro?

Por supuesto que no. El neoliberalismo también se apropió del concepto de modernidad y éste quizás sea el reto más grande que se debe de afrontar para trascender la ideología nefasta que reduce el valor de nuestras vidas con una métrica de rentabilidad.

Si se mira en perspectiva, el neoliberalismo no es la única ideología que promete una evolución humana. Otras propuestas atractivas como el nacionalismo, el Slow Down, la siembra de autoconsumo o proyectos productivos basados en la biomimética, en la producción artesanal o en el localismo no tienen una promesa utópica que nos haga soñar.  Y esto es un problema real.

Pero lo anterior es sólo una ilusión. En realidad las propuestas de modernidad ajenas al mundo neoliberal las tenemos en la punta de nuestras narices, pero no las reconocemos.

En diciembre del 2017 la revista Open Source citó varias tendencias tecnológicas para el 2018. En realidad podrían ser las tendencias tecnológicas para la siguiente década porque son propuestas muy trascendentes.

Voy a copiarlas sin traducción para no sesgar la importancia tecnológica de cada una de ellas

-OpenStack
-Deep Learning/AI
-Progressive Web Apps
-Blockchain Technology
-Rust (lenguaje de programación)
-Open-Source Software con Big Data
-XaaS: Anything as a Service.
-Cognitive Cloud

La simple lectura de este artículo me hizo recordar y comprender que el desarrollo de software de código abierto ha sido en las últimas décadas lo que ha dictado el crecimiento de la industria, que basado en estos avances crea sus propias soluciones propietarias para hacer dinero pero que retornan al desarrollo de Open Source porque la evolución del conocimiento tiene una raíz colaborativa y se evoluciona más rápido con la participación de talento del mundo.

Los intentos de privatización de internet, la presencia de redes sociales y la búsqueda de control de internet no es más que una respuesta a la revolucionaria idea de Berners Lee de conectar al mundo con una telaraña mundial con computo distribuido. Invulnerable a los ataques a centros de datos, pero también a la censura.

El mundo siempre ha sido dual: claro-oscuro, cerrado-abierto, bueno-malo y la modernidad no está exenta. La apropiación de este concepto es sólo propagandística. Ha sido una idea política muy bien aceptada pero en la realidad para que se pueda construir el futuro se requiere de la participación colaborativa de muchos talentos que ahora se encuentran dispersos por todo el mundo.

Nadie puede declararse dueño de la construcción del futuro.

Tampoco de la creatividad que burbujea en las recámaras de los adolescentes de todo el mundo que con una dispositivo de telecomunicaciones están recreando la tecnología, hackeando la vida y obligando al mundo a recomponerse constantemente.

La curiosidad, la rebeldía que en ejercicio de su actuar se convierte en talento en innovación es la verdadera fuerza de la sociedad y la semilla del futuro que podamos construir, porque son las nuevas generaciones que demuestran que las barreras que las viejas generaciones consideraban como imposibles de franquear son rotas, demostrando que nada es imposible, incluso la más locuaz de las utopías.

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