La guerra simbólica

Prácticamente todos los analistas y políticos –incluso AMLO- coinciden en que antes del 6 de septiembre se ratificará el triunfo de Calderón. Y este escenario de la impresión de podría ser un momento dramático para el futuro del país, debido a las decisiones que pueda tomar un líder –para unos mesiánico, para otros honesto-.

Es sin duda un momento importante, pero su intensidad depende de cómo lo veamos todos, depende del valor que estemos dispuestos a darle a nuestros propios símbolos políticos.

AMLO lo ha dicho claramente: su lucha buscará una revolución pacífica, por lo el escenario es el de la política. Es decir sí habrá una guerra, pero está será de símbolos. Porque la política es una guerra simbólica.

A diferencia de los tiempos del partido hegemónico, hoy las luchas son a la vista de todos. Y esto es una ventaja. En el pasado esto se habría resuelto –de cualquier forma- sin que la gente se enterara de las condiciones del arreglo. Se cambiaba la realidad, pero se dejaban intactos los símbolos políticos

Lo que ocurra en adelante nos llevará a ver más política, aunque no en los términos a los que estamos acostumbrados: si sus opositores los dejan, la gente de Andrés Manuel impedirá que haya discurso en la presentación del informe presidencial, el plantón impediría que haya grito el día 15 de septiembre, cuando menos no en las condiciones festivas a las que ya estábamos tan habituados.

Pero es todo. El país no se va a destruir porque estos actos de simbología política no se realicen. La economía seguirá su rumbo, la gente trabajando, la bolsa de valores operando, las entidades financieras con sus transacciones...al país no le pasa nada. A las formas de comunicación política sí.

No digo que los símbolos políticos no sean importantes, si no que tenemos que verlos de otra forma para no autodestruirnos. Son a fin de cuentas barreras mentales y no materiales.

Quizá ya no tengamos un Señor Presidente sino un presidente simplemente. Muchos símbolos a los que estamos acostumbrados y deseamos ver en su lugar –por que nos dan un sentido de orden social- se verán perturbados. Sus discursos ya no serán fáciles y unilaterales. No habrá filas de gente saludando en inauguraciones. Pero este presidente tendrá las riendas de la economía, de las instituciones federales y del rumbo del país. Es decir, no es será dueño de los símbolos, pero si de sus decisiones y de la oportunidad de ganarse la autoridad de todos.

Ya que los políticos no parecen estar dispuestos a ceder en cuanto a la lucha que se da por el patrimonio de sus símbolos políticos, a los ciudadanos nos queda la opción de demostrarles que nos interesa más la realidad, que su representación simbólica.

Comentarios

Eduardo dijo…
Tienes mucha razón, los símbolos en la política son muy importantes.

Recuerdo que Fox empezó su campaña por la presidencia el 2 de Julio de 1998 con un reloj de arena, diciendo "Faltan dos años para el cambio".

Estoy convencido que AMLO no solo estudió a Fox, sino que lo imita lo más posible, ¿por qué? Porque Fox es un político exitoso, y dentro de su forma de hacer política están los símbolos.